jueves, 26 de febrero de 2015

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA DULCE ESPERA

Oraciones para cada día. 
1. Señal de la cruz En el nombre de Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

2. Para arrepentirse de los pecados Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas. Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia, Ni retires de mí tu Santo Espíritu. (Salmo 51, 3.12)

3. JaculatoriaNuestra Señora de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.
4. Seguir la reflexión propia de cada día






DÍA PRIMEROEl Señor nos regala la vida


Compartimos la Palabra“El Ángel entró en su casa y la saludó diciendo: ‘¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo’. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: ‘No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús’. María dijo entonces: ‘Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho’”. (Lc. 1, 28-31.38)


Reflexionamos María, por su fe, pronunció estas palabras. Y así, a través de ella, la Vida vino a nosotros. Ella, plenamente mujer, se confió a Dios sin reservas, se mostró completamente dispuesta a la acción del Espíritu Santo y en esta respuesta se entregó para cooperar con la Gracia de Dios


Oramos Al comenzar este primer día de la novena, te expresamos Madre, nuestro amor. Venimos con confianza a pedirte por nuestras necesidades, haz que te imitemos en tu Sí a Dios. Comprende nuestro pedido, atiéndelo.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra madre, te lo pedimos Señor.-Por todos los padres y madres que esperan un hijo.-Por todas las familias de nuestro país. -Por la intención con que rezamos esta Novena.


Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


Que el Señor bendiga nuestra familia y la llene de gracia.

DÍA SEGUNDOEl Señor nos invita a ponernos al servicio de la vida


Compartimos la Palabra“En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ‘¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá todo lo que te fue anunciado de parte del Señor’”. (Lc. 1, 39-45)


Reflexionamos Las palabras de Isabel - "Feliz de ti por haber creído" - se aplican no sólo a aquel momento concreto de la Anunciación, sino a toda la vida de María. En su peregrinar hacia Dios, María recorrió un camino de fe que transitó toda su vida. Y lo hizo de modo heroico. En su obediencia de fe, ella se abandonó a Dios y, esperando contra toda esperanza, creyó cada día, en medio de las pruebas y contrariedades.


Oramos María, Madre de Jesús y Madre nuestra, intercede ante tu Hijo y enséñanos a amar y servir a los demás. Que, siguiendo tu ejemplo de disponibilidad, sepamos aceptar la vida como el don gratuito que Dios nos ha dado. Que podamos recorrer con fe y esperanza los caminos que nos llevan a cumplir la voluntad del Padre.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra madre, te lo pedimos Señor.-Por los que desean recibir la gracia de un hijo.-Por los padres que no tienen trabajo.-Por las madres que están solas.-Por la intención con que rezamos esta Novena.


Rezamos: Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


Madre Santísima, bendice nuestro hogar.


DÍA TERCERODios hace maravillas con nuestra vida


Compartimos la Palabra“María dijo entonces: ‘Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es Santo! (Lc. 1, 46-50)


Reflexionamos Cuando Isabel saludó a la joven pariente que llegaba de Nazaret, María respondió con el Magnificat. Este canto de alabanza fue la respuesta de todo su ser a Dios, expresada de forma poética, pero sencilla. Sus palabras están inspiradas en muchos textos sagrados del pueblo de Israel y reflejan el gozo de su espíritu, la felicidad que le provoca ser consciente de que en ella se realiza la promesa hecha "en favor de Abraham y su descendencia por siempre".


Oramos María, madre de Jesús, enséñanos a rezar con fe, con apertura de corazón y sencillez, no sólo por nuestras necesidades sino también por las de todos aquellos que sufren y necesitan de nosotros y de nuestra palabra de esperanza. Que de nuestra boca, como de la tuya, broten palabras de alabanza hacia el Creador y Dador de vida. Dios Padre Nuestro, rico en amor y misericordia, que este tiempo de espera se transforme en una oportunidad de crecer en nuestra fe y en nuestra entrega a los demás. Que podamos encontrar momentos de alegría y felicidad y los compartamos con quienes nos rodean.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra madre, te lo pedimos Señor.-Por todos los bebés que crecen y se preparan para nacer.-Por todos los chicos abandonados.-Por las mamás adolescentes. -Por la intención con que rezamos esta Novena.


Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


María, que en la Dulce Espera del Señor nos mostraste un camino de Esperanza, bendice nuestra vida.

DÍA CUARTO"...Y llegó el momento de ser madre"


Compartimos la Palabra“Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.” (Lc. 2, 6-7)


Reflexionamos María da su consentimiento a la elección de Dios, para ser la madre de su Hijo por obra del Espíritu Santo. Y toda su existencia está marcada por la certeza de que Dios está a su lado y la acompaña con su providencia benévola.


OramosNuestra Señora de la Dulce Espera, ayúdanos a ser sencillos y pobres de corazón para alimentarnos de tu amor y crecer en fe y esperanza, sabiendo que todo lo debemos esperar de tu Hijo, nuestro Salvador. Ayúdanos a que, a semejanza tuya, vivamos con la certeza de que Dios está a nuestro lado y nos acompaña con su divina providencia.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra Madre, te lo pedimos Señor.-Por aquellas mamás que están a punto de parir.-Por todos los que tienen en sus manos la vida humana.-Para que todos los niños crezcan en un mundo de paz y amor -Por las intenciones particulares con que rezamos esta Novena.


Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


Madre Santísima, bendice nuestro trabajo de cada día y que lo pongamos al servicio de la vida.

DÍA QUINTONuestro hijo, plan de amor de Dios Padre


Compartimos la Palabra“Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre y, acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: ‘Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados’. Jesús les respondió: ‘¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?’ Ellos no entendieron lo que les decía. Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. (Lc. 2, 41-51)


Reflexionamos Durante los años de su vida oculta en Nazaret, Jesús "vivía sujeto" a sus padres (Lc. 2, 51); sujeto a María pero también sujeto a José, su padre terrenal; de ahí que la gente considerara a Jesús como "el hijo del carpintero" (Mt. 13,55). Cuando el evangelista nos dice que "ellos (José y María) no entendieron lo que les decía", pone de relieve que aún su madre vivía en la intimidad con el misterio de Jesús, Hijo de Dios, sólo por medio de la fe. Por eso dice la escritura: "Feliz de ti por haber creído" (Lc. 1, 45).


OramosJesús, concédenos comprender, con la ayuda de tu gracia, las distintas situaciones que se nos van presentando en la vida, especialmente las más difíciles, aquellas en las que el dolor pone a prueba nuestra fe. María, Madre de los vivientes, que acogiste la Vida en nombre de todos y para el bien de todos, guíanos en el camino, protege a nuestras familias. Enséñanos a “estar en las cosas del Padre”.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra madre, te lo pedimos Señor.-Por todos los niños. -Por nuestras familias.-Para que en todos los hogares haya compresión y amor.-Por todos los chiquitos enfermos. -Por las intenciones particulares con que rezamos esta Novena.


Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


Señor Jesús, bendice nuestra casa de manera que sigamos los pasos del humilde hogar de Nazaret.

DÍA SEXTOMaría, nuestra madre, está atenta a nuestras necesidades


Compartimos la Palabra“Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: ‘No tienen vino’. Jesús le respondió: ‘Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía’. Pero su madre dijo a los sirvientes: ‘Hagan todo lo que él les diga.’” (Jn. 2, 1-5)


ReflexionamosMaría manifiesta una maternidad nueva, según el Espíritu, cuando va al encuentro de las necesidades del hombre. En Caná de Galilea se muestra sólo un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente pequeño y de poca importancia ("no tienen vino"). Pero esto tiene un valor simbólico. María se ubica entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Como Madre, se sitúa "en medio", se hace mediadora. Ella intercede por los hombres y es portavoz de la voluntad de su Hijo: "Hagan lo que él les diga".


Oramos Madre del amor hermoso, intercede para que Jesús atienda nuestras necesidades. Enséñanos a hacer todo lo que Él nos dice y a pedir en la oración el conocimiento que todavía nos falta para tener el gusto profundo de las cosas de Dios. Que sepamos ver las necesidades de los que nos rodean y podamos brindarnos generosamente, ayudando especialmente a las mamás que, en este momento fundamental de sus vidas, se encuentran solas y desamparadas.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra madre, te lo pedimos Señor.-Por las madres que están solas. -Para que nadie se sienta abandonado o no querido.-Por todos los que trabajan en defensa de la vida.-Por la intención particular con que rezamos esta Novena.


Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


Señor, danos tu bendición.

DÍA SÉPTIMOTu hijo también tiene una misión


Compartimos la Palabra“Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: ‘Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte’. Jesús le respondió: ‘¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?’. Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre’” (Mt 12, 46-50)


Reflexionamos María es la primera entre aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. Por eso aquella bendición pronunciada por Jesús se refiere en primer lugar a ella. María se convierte, en cierto sentido, en la primera "discípula" de su Hijo y, por medio de su fe, descubre una nueva maternidad según el Espíritu.


Oramos Madre nuestra, Señora de la Dulce Espera, tú nos enseñas que hallamos nuestra plenitud en la vida haciendo lo que Dios nos pide, construyendo el amor cada día y sirviendo al Señor. Que podamos testimoniar el significado del amor auténtico diciendo sí a la voluntad de Dios y sirviendo a Jesús en nuestros hermanos. Acuérdate de las familias que abrieron su corazón a la adopción; ayúdalas en la alegría de su generosidad: Que puedan gustar los hermosos nombres de papá y mamá. Que, teniéndote a vos como modelo incomparable de acogida y cuidado de la vida, puedan dar gracias por la bendición recibida.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra Madre, te lo pedimos, Señor.-Por todos los matrimonios que expresan su amor y su generosidad a través de la adopción.-Por los chicos que no tienen un hogar.-Por la intención particular con que rezamos esta Novena.


Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


Bendice, Señor, a todas las familias que desean el don de un hijo.

DÍA OCTAVOAmar a Dios sobre todas las cosas


Compartimos la Palabra“Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: ‘¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!’ Jesús le respondió: ‘Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.’” (Lc. 11, 27-28)


Reflexionamos Esta frase constituía una alabanza para María como madre de Jesús según la carne. Al evocarla, recordamos el evangelio de la infancia de Jesús, en el que María está presente como la madre que concibe al Hijo de Dios, lo da a luz y lo amamanta: la madre-nodriza a la que alaba una mujer de la multitud... Gracias a esta maternidad, Jesús es un verdadero hijo del hombre. Sin embargo, con su respuesta, el mismo Jesús quita vigorosamente la atención de la maternidad entendida sólo como vínculo de carne y la sitúa en aquel misterioso vínculo del Espíritu que se da en la escucha y la observancia de la Palabra de Dios.


OramosMaría, muchachita de Nazaret, tú que viviste las dimensiones de lo humano y de lo femenino de manera perfecta, intercede por nosotros, para que seamos atentos escuchas de la Palabra de Dios. Aleja de nosotros todo lo que nos impida practicar lo que Jesús nos enseñó. Pon en nuestra boca tus palabras, tus intenciones y todo lo que pueda abrir nuestro corazón al bien y al amor.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra madre, te lo pedimos Señor.-Porque las mujeres puedan amamantar a sus hijos, dándoles su alimento y su amor. -Para que todos los padres puedan ayudar a crecer a los hijos.-Por los abuelos que colaboran con la educación cristiana de sus nietos. -Por la intención con que rezamos esta Novena.


Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


Bendice, María Santísima, a todas las personas mayores que colaboran con el cuidado y la atención de los niños.

DÍA NOVENOJesús nos da a María como Madre


“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre, con su hermana María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: ‘Mujer, aquí tienes a tu hijo.’ Luego dijo al discípulo: ‘Aquí tienes a tu madre.’ Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. (Jn. 19, 25-27)


Reflexionamos La maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. A los pies de la cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la Madre de Cristo. La entrega es la respuesta al amor de una persona y, en concreto, al amor de la Madre. Por eso, a través de los siglos, de entre los diversos pueblos y naciones de la tierra, el hombre se dirige a María con veneración y confianza, como quien se dirige a su madre y busca en su fe el sostén para la propia fe.


OramosMaría Santísima, Madre de Jesús y Madre nuestra, sabemos que nos acompañas en el camino de la vida intercediendo por nosotros y por nuestras necesidades. Danos un corazón fuerte y generoso. Gracias porque cada uno de nosotros somos participes de la vida de Dios. Te pedimos que nos enseñes a respetar, proteger y defender la vida, especialmente la más débil e inocente. Inspira y protege especialmente a aquellos que, condicionados por el medio y las circunstancias que los rodean, no llegan a ver que la vida es siempre un bien. Que ellos sepan que "ninguna cosa es imposible para Dios" (Lc. 1,30 37) y se entreguen con confianza a su providencia benévola. Bendícenos y guíanos en este camino para poder florecer en virtud y santidad. Confiamos en tu intercesión y esperamos con fe que Jesús nos conceda lo que pedimos.


A cada intención respondemos: Por María, nuestra madre, te lo pedimos Señor.-Por los bebés no deseados, sus madres y padres. -Por los niños abandonados. -Por los que sufren. -Para que trabajemos en defensa de la vida humana.-Por la intención particular con que rezamos esta Novena.


Una de las cosas más importantes que vino a hacer Jesús en la tierra es enseñarnos que Dios es nuestro Padre. Con esa confianza le decimos:Padrenuestro (Ave María, Gloria).


Bendice, Señor, a cada niño que está por nacer.

domingo, 8 de febrero de 2015

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES



ORACIÓN A NTRA. DE LOURDES


Dóciles a la invitación de tu voz maternal, oh Virgen Inmaculada de Lourdes, acudimos a tus pies en la humilde gruta donde aparecisteis para indicar a los extraviados el camino de la oración y penitencia, dispensando a los que sufren las gracias y prodigios de tu soberana bondad.


Recibid, oh reina compasiva, las alabanzas y súplicas que pueblos y naciones, unidos en la angustia y la amargura, elevan confiados a Ti.


¡Oh blanca visión del paraíso, aparta de los espíritus las tinieblas del error con la luz de la fe! ¡Oh mística rosa, socorre las almas abatidas, con el celeste perfume de la esperanza! ¡Oh fuente inagotable de aguas saludables, reanima los corazones endurecidos, con la ola de la divina caridad!


Haz que nosotros tus hijos, confortados por Ti en las penas, protegidos en los peligros, apoyados en las luchas, amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, y merezcamos los goces eternos junto a Ti. Amén.





sábado, 31 de enero de 2015

Santa Misa (Enseñanzas del Santo Padre Francisco)

Papa Francisco, Homilía, Santa Misa en la Capilla de la Domus Sanctae Marthae (10 de febrero de 2014)



A misa no se va con el reloj en la mano, como si se debieran contar los minutos o asistir a una representación. Se va para participar en el misterio de Dios. Y esto es válido también para quienes vienen a Santa Marta a la misa celebrada por el Papa, que, dijo en efecto el Pontífice el lunes 10 de febrero, a los fieles presentes en la capilla de su residencia, «no es un paseo turístico. ¡No! Vosotros venís aquí y nos reunimos aquí para entrar en el misterio. Y ésta es la liturgia».


Para explicar el sentido de este encuentro cercano con el misterio, el Papa Francisco recordó que el Señor habló a su pueblo no sólo con palabras. «Los profetas —dijo— referían las palabras del Señor. Los profetas anunciaban. El gran profeta Moisés dio los mandamientos, que son palabra del Señor. Y muchos otros profetas decían al pueblo aquello que quería el Señor». Sin embargo, «el Señor —añadió— habló también de otra manera y de otra forma a su pueblo: con las teofanías. Cuando Él se acerca al pueblo y se hace sentir, hace sentir su presencia precisamente en medio del pueblo». Y recordó, además del episodio propuesto por la primera lectura (1 Re 8, 1-7.9-13), algunos pasajes referidos a otros profetas.

«Sucede lo mismo también en la Iglesia» —explicó el Papa—. El Señor nos habla a través de su Palabra, recogida en el Evangelio y en la Biblia; y a través de la catequesis, de la homilía. No sólo nos habla, sino que también «se hace presente —precisó— en medio de su pueblo, en medio de su Iglesia. Es la presencia del Señor. El Señor que se acerca a su pueblo; se hace presente y comparte con su pueblo un poco de tiempo». Esto es lo que sucede durante la celebración litúrgica que ciertamente «no es un buen acto social —explicó una vez más el obispo de Roma— y no es una reunión de creyentes para rezar juntos. Es otra cosa» porque «en la liturgia eucarística Dios está presente» y, si es posible, se hace presente de un modo aún «más cercano». Su presencia, dijo nuevamente el Papa, «es una presencia real».

Y «cuando hablo de liturgia —puntualizó el Pontífice— me refiero principalmente a la santa misa. Cuando celebramos la misa, no hacemos una representación de la Última Cena». La misa «no es una representación; es otra cosa. Es propiamente la Última Cena; es precisamente vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre para la salvación del mundo».

Así, el Papa Francisco volvió a proponer, como lo hace a menudo, un comportamiento común en los fieles: «Nosotros escuchamos o decimos: “pero, yo no puedo ahora, debo ir a misa, debo ir a escuchar misa”. La misa no se escucha, se participa. Y se participa en esta teofanía, en este misterio de la presencia del Señor entre nosotros». Es algo distinto de las otras formas de nuestra devoción, precisó nuevamente poniendo el ejemplo del belén viviente «que hacemos en las parroquias en Navidad, o el vía crucis que hacemos en Semana Santa». Éstas, explicó, son representaciones; la Eucaristía es «una conmemoración real, es decir, es una teofanía. Dios se acerca y está con nosotros y nosotros participamos en el misterio de la redención».

El Pontífice se refirió luego a otro comportamiento muy común entre los cristianos: «Cuántas veces —dijo— contamos los minutos... “tengo apenas media hora, tengo que ir a misa...”». Ésta «no es la actitud propia que nos pide la liturgia: la liturgia es tiempo de Dios y espacio de Dios, y nosotros debemos entrar allí, en el tiempo de Dios, en el espacio de Dios y no mirar el reloj. La liturgia es precisamente entrar en el misterio de Dios; dejarnos llevar al misterio y estar en el misterio».

Y, dirigiéndose precisamente a los presentes en la celebración continuó así: «Por ejemplo, yo estoy seguro de que todos vosotros venís aquí para entrar en el misterio. Tal vez, sin embargo, alguno dijo “yo tengo que ir a misa a Santa Marta, porque el itinerario turístico de Roma incluye ir a visitar al Papa a Santa Marta todas las mañanas....”. ¡No! Vosotros venís aquí, nosotros nos reunimos aquí, para entrar en el misterio. Y esto es la liturgia, el tiempo de Dios, el espacio de Dios, la nube de Dios que nos envuelve a todos».

El Papa Francisco compartió con los presentes algunos recuerdos de su infancia: «Recuerdo que siendo niño, cuando nos preparábamos para la Primera Comunión, nos hacían cantar “Oh santo altar custodiado por los ángeles”, y esto nos hacía comprender que el altar estaba custodiado por los ángeles, nos daba el sentido de la gloria de Dios, del espacio de Dios, del tiempo de Dios. Y luego, cuando hacíamos el ensayo para la Comunión, llevábamos las hostias para el ensayo y nos decían: “mirad que éstas no son las que recibiréis; éstas no valen nada, porque luego estará la consagración”. Nos hacían distinguir bien una cosa de la otra: el recuerdo de la conmemoración». Por lo tanto, celebrar la liturgia significa «tener esta disponibilidad para entrar en el misterio de Dios», en su espacio, en su tiempo.


Y, llegando ya a la conclusión, el Pontífice invitó a los presentes a «pedir hoy al Señor que nos done a todos este sentido de lo sagrado, este sentido que nos haga comprender que una cosa es rezar en casa, rezar en la iglesia, rezar el rosario, recitar muchas y hermosas oraciones, hacer el vía crucis, leer la Biblia; y otra cosa es la celebración eucarística. En la celebración entramos en el misterio de Dios, en esa senda que nosotros no podemos controlar: sólo Él es el único, Él es la gloria, Él es el poder. Pidamos esta gracia: que el Señor nos enseñe a entrar en el misterio de Dios».

jueves, 29 de enero de 2015

Oración Misionera



Características de la Oración Misionera

“Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba, como desde dentro de la alegría”
(Santa Teresita del Niño Jesús)



Los rasgos característicos de la oración misionera son los siguientes:



o Es Trinitaria: La oración del misionero se dirige a la Trinidad. Si bien se realiza siempre “en el nombre de Jesús”, y puede hacerlo acudiendo a la intercesión de grandes santos misioneros (San Francisco Javier, Santa Teresita del Niño Jesús, etc.), se dirige principalmente al Padre, fuente y origen de la misión de la Iglesia, a Jesucristo, de cuya misión somos continuadores, y al Espíritu Santo, protagonista de la misión.



o Es bendición, adoración y alabanza: A través de su oración totalmente desinteresada, el misionero le da a Gloria a Dios no sólo por lo que ha hecho, sino por lo que El es, reconociéndolo como único Dios y Señor, poniéndose dócilmente a su disposición y bendiciendo su Nombre.



o Es acción de gracias: En su oración, el misionero no se cansa de dar gracias a Dios por la vida recibida, por la vida de hijos de Dios, por la Iglesia y la dicha de pertenecer a ella, por la obra misionera, por la vocación misionera encomendada, por tantos hombres y mujeres que entregan su vida a la proclamación del Evangelio, especialmente por aquellos que lo hacen en tierras lejanas, y por todos los dones y carismas recibidos.



o Es petición e intercesión: A través de la oración, el misionero muestra conciencia de su relación con Dios, y como criatura que se sabe dependiente de El, pide a Dios por sus necesidades y por las del mundo entero. Pide por todos aquellos que aún no conocen a Jesucristo, para que lleguen a conocerlo. Pide por la Iglesia y por su dilatación hasta los confines de la tierra. Pide por los que, de una manera o de otra, trabajan predicando el Evangelio, para que se mantengan fieles a su vocación misionera. Pide para que surjan nuevas vocaciones misioneras así la obra misionera pueda verse enriquecida con nuevos evangelizadores. El Padrenuestro es modelo de oración de petición.



o Es Universal: El misionero es el “hermano universal” que presenta a Dios su oración por los hombres y mujeres de los cinco continentes que no conocen a Dios, por su conversión, por los misioneros que trabajan activamente en todo el mundo y por aquellos a quien Dios está llamando a ser misioneros. El Rosario Misionero es un claro ejemplo de oración universal. Las intenciones misionales que el Papa propone para cada mes, ayudan también a esta dimensión universal de la oración misionera.



o Es eclesial: A través de la oración, el misionero se une a toda la Iglesia que ora. El misionero no ora aislado del mundo, sino que lo hace en comunión con la Iglesia. Es por ello que no dice “Padre mío”, sino “Padre Nuestro...”



o Está centrada en la Palabra de Dios: Es muy importante que el misionero adquiera el hábito de leer la Palabra de Dios contenida en la Biblia, puesto que a través de ella, es como Dios le hablará y le manifestará su voluntad.



o Es confiada y esperanzada: El misionero sabe que su oración es escuchada y será atendida, y por ello es vivida con una actitud de esperanza y confianza filial.
"La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rueguen, pues,
al dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt. 9, 37-38)

jueves, 25 de diciembre de 2014

EL TIEMPO DE NAVIDAD



(Celebración y prolongación de la Encarnación)

El ciclo litúrgico llamado Tiempo de Navidad, abarca desde el 25 de diciembre, fiesta del Nacimiento del Salvador, hasta el 2 de febrero, fiesta de la Purificación, comprendiendo, por lo tanto cuarenta días. Su objeto es celebrar con transportes de gozo el Nacimiento del Señor, en Belén; su infancia y vida oculta, en Nazareth; y las primeras y solemnes manifestaciones del mismo a los hombres.

Por su objeto y extensión puede dividirse esta temporada, y, en la Liturgia, de hecho se divide, en dos períodos:

a) Período de Navidad, propiamente dicho, que abarca los quince días comprendidos entre esta fiesta y la de Epifanía; y

b) Período de Epifanía, que va hasta el Domingo de Septuagésima.

El 1er. Período es una fiesta no interrumpida en torno a la cuna de Belén, donde la Iglesia contempla y celebra embelesada los encantos y grandezas del Divino Infante, y también las alegrías y excelencias de la Virgen Madre.

El 2° Período ensancha más el horizonte litúrgico y pone de relieve las manifestaciones del Hijo de Dios principalmente en el misterio de la Adoración de los Santos Reyes, en el de su Bautismo, y en su primer milagro, en las bodas de Caná.

Toda esta temporada es de alegría, pero no de una alegría desbordante y triunfal, como la de Pascua de Resurrección, sino reposada y sonriente, cual la que inundó a José y a María en la intimidad de la cuna de Belén.



Navidad 2014 del Papa Francisco


domingo, 16 de noviembre de 2014

MATRIMONIO Y FAMILIA







EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO

1601 "La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados" (CIC can. 1055, §1)

I. El matrimonio en el plan de Dios

1602 La sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26- 27) y se cierra con la visión de las "bodas del Cordero" (Ap 19,9; cf. Ap 19, 7). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su "misterio", de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación "en el Señor" (1 Co 7,39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,31-32).

El matrimonio en el orden de la creación

1603 "La íntima comunidad de vida y amor conyugal, está fundada por el Creador y provista de leyes propias. [...] El mismo Dios [...] es el autor del matrimonio" (GS 48,1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanente. A pesar de que la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad (cf GS 47,2), existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la unión matrimonial. "La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar" (GS 47,1).

1604 Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. «Y los bendijo Dios y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla"» (Gn 1,28).

1605 La Sagrada escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro: "No es bueno que el hombre esté solo" (Gn 2, 18). La mujer, "carne de su carne" (cf Gn2, 23), su igual, la criatura más semejante al hombre mismo, le es dada por Dios como una "auxilio" (cf Gn 2, 18), representando así a Dios que es nuestro "auxilio" (cf Sal 121,2). "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (cf Gn 2,18-25). Que esto significa una unión indefectible de sus dos vidas, el Señor mismo lo muestra recordando cuál fue "en el principio", el plan del Creador (cf Mt 19, 4): "De manera que ya no son dos sino una sola carne" (Mt 19,6).



VI. La Iglesia doméstica

1655 Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la "familia de Dios". Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, "con toda su casa", habían llegado a ser creyentes (cf Hch 18,8). Cuando se convertían deseaban también que se salvase "toda su casa" (cf Hch16,31; 11,14). Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente.

1656 En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión,Ecclesia domestica (LG 11; cf. FC 21). En el seno de la familia, "los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada" (LG 11).

1657 Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, "en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras" (LG 10). El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y "escuela del más rico humanismo" (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de la propia vida.

1658 Es preciso recordar asimismo a un gran número de personas que permanecen solteras a causa de las concretas condiciones en que deben vivir, a menudo sin haberlo querido ellas mismas. Estas personas se encuentran particularmente cercanas al corazón de Jesús; y, por ello, merecen afecto y solicitud diligentes de la Iglesia, particularmente de sus pastores. Muchas de ellas viven sin familia humana, con frecuencia a causa de condiciones de pobreza. Hay quienes viven su situación según el espíritu de las bienaventuranzas sirviendo a Dios y al prójimo de manera ejemplar. A todas ellas es preciso abrirles las puertas de los hogares, "iglesias domésticas" y las puertas de la gran familia que es la Iglesia. «Nadie se sienta sin familia en este mundo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos están "fatigados y agobiados" (Mt 11,28)» (FC 85).

Camino al encuentro mundial de las familias...


Articulo reeditado 26 de diciembre 2014
http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c3a7_sp.html



martes, 21 de octubre de 2014

San Juan Pablo II: oración oficial

"Salve, San Juan Pablo Magno, Pontífice bueno y fiel. Tú agradaste al Señor Jesucristo".


Celebramos hoy por primera vez la memoria litúrgica del grandioso Pontífice polaco como santo, luego de que el Papa Francisco lo canonizara hace casi seis meses (junto al Papa Juan XXIII), y de que aprobara su inscripción para este día (aniversario de la inauguración de su Ministerio como Sucesor de Pedro) en el Calendario Romano perpetuo y universal, y la de San Juan XXIII para el 11 de este mismo mes, aniversario de la Apertura del Concilio Vaticano II.
Por eso, este blog "Liturgia Católica, Divino Tesoro", dedicado a San Juan Pablo, le rinde un humilde homenaje en su festividad, publicando la oración oficial que la Santa Sede difundió con motivo de la canonización:



"¡Oh, San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, danos tu bendición!
Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo, para llevar a Jesús a todos, y a todos a Jesús.
Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar y volver a mirar hacia lo alto, para encontrar la luz que ilumina los caminos de la vida en la Tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia! Tú advertiste el asalto de Satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la Tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.

Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

¡Oh, San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios! Amén. "



Angelo, Cardenal Comastri
Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano.


http://veritasl.blogspot.com.ar/2014/10/san-juan-pablo-ii-oracion-oficial.html

    Foto de la JMJ 2013 (Brasil) dando testimonio como Familia Misionera



Oracion por la familia
Señor, escucha esta familia que te pide la unión para ser testimonio de amor ante un mundo violento y descreído. Ayúdanos para que venciendo el egoísmo y la comodidad, abramos las puertas de nuestra casa y de nuestro corazón a aquel que necesita de nosotros. Haz que nuestras familias sean misioneras y hagan participe de nuestras riquezas materiales y espirituales a las demás familias y que formemos una comunidad viva que manifieste ante el mundo tu verdadero rostro revelado en amor a ti y a nuestros hermanos. Amen. Juan Pablo II